Ilustración de PABLO BERNASCONI realizada para el 40º Aniversario de La Nube Infancia y Cultura

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Ilustración de ISOL realizada para el 40º Aniversario de La Nube Infancia y Cultura

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Ilustración de VIVIANA GAROFOLI Imagen del mural "Leer, viajar, volar" emplazado en el patio de La Nube (2012)

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Ilustración de PABLO BERNASCONI realizada para el 40º Aniversario de La Nube Infancia y Cultura

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40º Aniversario La Nube, Festival Cielito Lindo II
Festival Cielito Lindo · La Nube · Ilustración Vivivana Garofoli

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40º Aniversario La Nube, Festival Cielito Lindo II

40 irreverentes años por la infancia y la cultura

“A un chico lo llevan por primera vez al jardín zoológico. Ese chico será cualquiera de nosotros o, inversamente, nosotros hemos sido ese chico y lo hemos olvidado. En ese jardín, en ese terrible jardín, el chico ve animales vivientes que nunca ha visto; ve jaguares, buitres, bisontes y, lo que es más extraño, jirafas. Ve por primera vez la desatinada variedad del reino animal, y ese espectáculo, que podría alarmarlo u horrorizarlo, le gusta. Le gusta tanto que ir al jardín zoológico es una diversión infantil o puede parecerlo. ¿Cómo explicar este hecho común y a la vez misterioso?”[1]

Casi las mismas palabras que Borges escribió en la introducción a “El libro de los seres imaginarios” podrían elegirse para describir el asombro que provoca entrar a la desatinada variedad de libros, discos y juguetes que ofrece La Nube.[2]

 

Muchos chicos que visitan La Nube preguntan por qué se llama así.  Quizás las nubes se parecen a los libros. ¿O los libros a las nubes?  Seres terrestres y celestes a la vez, las nubes se mueven entre la realidad y la ficción,  configurándose como mediadoras al igual que la literatura que habilita a la aventura y al encuentro con uno mismo.

 

La creación de La Nube, hace cuarenta años, fue un lanzamiento a la aventura.  Doble aventura tratándose de libros y niños. Y más aún,  una aventura irreverente para la época en que el borramiento y la escisión de la cultura obstaculizaban el pleno desarrollo de la justicia social en nuestro país.  Así como se mueven las nubes, misteriosamente, La Nube logró esconderse de la mirada del censor, bajo esa figura etérea que la nombra ingenuamente.  Inaugurada entonces, un 19 de julio de 1975, la primera librería para chicos de la Ciudad de Buenos Aires, logra ser un referente para padres, educadores y escritores. 

 

Si, como nos invitan los poetas, contempláramos el cielo, y particularmente el cielo en 1979,  habría que reivindicar las nuevas formas del movimiento que propició La Nube: la creación de un Centro de Investigaciones en Educación  Permanente [3), la publicación de la Revista El Loro Pelado [4], la instalación de una Biblioteca y  Centro de Documentación [5] donde se preservan libros y otros bienes culturales que reconstruyen la historia de la infancia y la interpelan.  Como las nubes, “formas luminosas y fantásticas” que hoy diríamos “innovadoras” y que es preciso remarcar que la aventura  era riesgosa en cielo y tierra argentina.  Que no solo se quemaban o prohibían libros, sino que además de las personas comprometidas y desaparecidas, nacieron niños en cautiverio y que, curiosamente 1979 fue el  “Año Internacional del Niño”.

 

Resistiendo bajo ese cielo, y con la visión de que “los niños son los protagonistas centrales de las posibilidades de humanización de la cultura”[6]  se proyectó La Nube.   Iniciada la democracia, devinieron nuevas formas y movimientos, otro tipo de resistencias y desafíos a emprender, luchando contra molinos de viento, gigantes o leones.  La Nube logró primero, por reconocimiento legislativo tener su casa y su jardín, luego por reconocimiento de la comunidad, logró su territorio.  El que hoy celebramos, como “hecho común y a la vez misterioso” donde un niño entra e intuye que puede acceder a descubrir tantos mundos como su imaginación y afecto se lo pidan.  Y si ese chico es alguno de nosotros “o, inversamente, nosotros hemos sido ese chico y lo hemos olvidado”, en el territorio La Nube, cualquier producto cultural que de un indicio sobre la infancia se convierte en Memoria.  

 

Pero ¿Qué es “una memoria”? se pregunta un niño al enterarse de que su anciana amiga ha perdido la memoria.  Preguntando a otros ancianos, obtendrá diferentes respuestas a partir de las cuales el niño junta cosas que entrega a la anciana, quien podrá reconstruir algunas vivencias.[7]

Esta historia refleja, en cierto modo el sueño y, a la vez,  la experiencia de La Nube

Territorio donde leer, mirar, jugar, escuchar, participar y compartir son ocasiones para descubrir mundos y construir sentidos.  Territorio donde a su vez enraiza la vivencia de cada quien, relacionándose con diversos fenómenos culturales como la lectura, el juego, la radio, el cine, el teatro de títeres, la música, las artes visuales, que posibilitan la búsqueda, el encuentro, las preguntas, la perplejidad. Como el arte, que es lo que abre la sensibilidad, La Nube resiste al cierre de los significados.[8]

 

A quienes impulsaron la aventura irreverente, a quienes abrieron nuevos horizontes o ventanas, a quienes siguen creyendo en que la transformación es posible y necesaria para que La Nube siga sembrando y cosechando, a todos un inmenso agradecimiento.

 

                                                           Ana Medina

                                                           Buenos Aires, 6 de junio de 2015

Referencias

 

[1] El libro de los seres imaginarios, Jorge Luis Borges.  1954

 

[2] “Para subirse a una nube de libros y juguetes”, por Nora Veiras,  Nota publicada en el diario Página 12, Buenos Aires, 23 de Marzo de 2003

 

[3] El CIEP se crea en 1979 donde participan profesionales de diversos ámbitos de la educación y de las  ciencias sociales, con el propósito de estudiar y difundir las nuevas corrientes pedagógicas y didácticas y, en particular, la problemática de la literatura infantil - juvenil y la lectura

 

[4] Revista informativa sobre el acontecer cultural y los medios de comunicación relacionados a la niñez,  que se propone contribuir a la valorización de la infancia y la adolescencia. A partir del Nº 3-4 (Diciembre de 1979) se convertirá en el “órgano de difusión” del CIEP y del CEDIMECO   

 

[5] Lo que hoy denominamos el Patrimonio Cultural de La Nube, originalmente fue denominado CEDIMECO: Centro de Documentación e Información sobre Medios de Comunicación” que fue inaugurado en 1980.

 

[6] Pablo Medina, cita del Editorial publicado en la Revista El Loro Pelado Nº 1, Año I, Marzo de 1979

 

[7] Guillermo Jorge Manuel José. Mem Fox · Julie Vivas ilustración. Ediciones Ekaré-Calibroscopio

 

[8] “Aisthesis: el arte y el cuerpo”,  Jean-luc Nancy

 

[9]  Los datos más exhaustivos se encuentran aquí

 

 

APOYAN

 

Epílogo

Escribí este texto con la idea de dar cuenta de la historia, sin la pretensión de puntualizar en hechos, lugares y personas [9].  Lo poético y filosófico se inmiscuyeron de tal manera que me fue imposible no darles lugar.  Como me es imposible que la palabra no sea lugar sensible, donde la libertad se abisme o juegue con la otredad, en el vaivén de los hechos y la memoria.

Hechos de memoria: Crecer a la par de La Nube y trabajar aquí junto a mi hermano desde muy jóvenes.  In Memoriam a Pablo Medina Geymonat (1972-2007): un lugar cálido, inquieto, serio, disparatado, habitando desde siempre “el otro cielo”.